Dimarts 19

Març de 2019

Aproximaciones a la proximidad. Tipologías y trayectorias de los equipamientos en Europa y en España (1ª part)

06/10/2000 02:59h

Eduard Miralles i Montserrat Saboya
Text en castellà Centre d'Estudis i Recursos Culturals de la Diputació de Barcelona

El objeto del presente trabajo es intentar trazar, con carácter provisional y sin ninguna pretensión de exhaustividad, un conjunto de coordenadas básicas capaces de contribuir a explicar, en sus dimensiones fundamentales, la trayectoria de los equipamientos de proximidad a escala local en el estado español, sin renunciar a las obligadas referencias procedentes del contexto internacional más cercano. Se parte, inicialmente, de una hipótesis explícita: en el nacimiento de los llamados equipamientos de proximidad en España, al calor de la normalización democrática, se planteó la adaptación de determinados arquetipos en boga en el contexto europeo de las políticas de proximidad a lo largo de la década de los setenta: Centros Cívicos, Centros de Arte Comunitario, Casas de la Cultura, Universidades Populares… A raíz de un sinfín de coyunturas particulares, dichos arquetipos engendraron una serie de estereotipos susceptibles de identificar, hoy en día, el panorama de los equipamientos de proximidad en España mediante una geometría variable fruto de la combinación de cuatro tendencias fundamentales:

-La tendencia a albergar la prestación de servicios de proximidad en la esfera de los servicios personales, la producción del bienestar, el desarrollo comunitario, etc.
-La orientación de las infraestructuras hacia la promoción del asociacionismo y el desarrollo de la participación ciudadana: hoteles de entidades, centros de recursos, etc.
-La formalización y visualización de los procesos y las estructuras para la descentralización o la desconcentración política y administrativa de la organización municipal, fenómeno primordialmente observado en las ciudades de mayor dimensión y número de habitantes.
-Finalmente, la implementación de políticas de democratización de la cultura y de democracia cultural inscritas bajo advocaciones de signo diverso: casas de cultura, aulas de cultura, ateneos municipales, universidades populares, etc.

A continuación se ensaya un panorama de los equipamientos de proximidad a escala local en el estado español confrontando la hipótesis anterior con los resultados de una investigación empírica de reducidas dimensiones, especialmente diseñada y ejecutada a tal efecto. Sus resultados, aún a pesar de las limitaciones del muestreo llevado a cabo, constituyen una primera aproximación sintética sobre las dimensiones cuantitativas y cualitativas del fenómeno de la proximidad, abordado desde la triple perspectiva tipológica, cronológica y geográfica.

Los autores desean expresar su más profundo agradecimiento a todos aquellas personas y organizaciones que, movidos por un entusiasmo y una empatía inusitadas, han contribuido a hacer menos insalvable la proverbial falta de datos y ausencia de coordinación institucional presente en estos temas. Una verdadera red en cuyos nódulos se inscriben los nombres propios de Jon Aizpurua, Mapi Aldanondo, Javier Anós, Anne Beykirch, Elisenda Belda, Luis Ben, Javier Brun, Pilar Casas, Xavier Cubeles, Juan Carlos de la Madrid, Soledad del Castillo, Jean-Cédric Delvainquière, Mikel Etxebarria, Glòria Granell, Antonio Gómez, Eustaquio Jiménez, Margarita Jiménez, Iñaki López de Agileta, Yolanda Malpartida, Antonio Montero, Pere Muñoz, Rosa Olmos, Luisa Ortés, Francisco Pardo, Jordi Pascual, José Javier Paz, José Luís Pérez “Kotelo”, Esteban Ruiz, Carme Sais, Juan José Salado, Miguel Ángel Serrano, Paco Tamarit, Mikel Toral y Onofre Vicente, citados por riguroso orden alfabético.

Gracias también al equipo del Centro de Estudios y Recursos Culturales de la Diputación de Barcelona y, de una forma particular, a nuestros compañeros Lluís Calvo, Glòria Iranzo, Núria Llorach, Roser Mendoza, Ester Omella, y Carles Prats por habernos ayudado a hacer de esto algo más digerible y presentable de lo que era en un principio. Una mención final para los miembros del comité organizador y el comité técnico de las jornadas sobre Centros Cívicos y Servicios de Proximidad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz por su inconsciencia al habernos encomendado algo que parecía tan difícil al principio como apasionante al final.

Sobre el pasado…

Los lugares y sus analogías con las modalidades de intervención desde lo público

Miguel Hernández de León (arquitecto y, sin embargo, presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid), en el marco de su intervención en las ya míticas jornadas “Miralls i Murs: Los espacios comunitarios para la cultura” convocadas por el Ayuntamiento de Barcelona allá por el mes de enero del año 1986, se refería al carácter heterotópico de los espacios públicos para la cultura. Un concepto, el de heterotopía(1) que ilustra con precisión algunas de las marcas genéticas de dichos lugares: frente a la saga de las utopías, categoría fundamental en la construcción de los discursos políticos, las heterotopías las complementan no sólo mediante la formulación de lugares reales, sino incluso de artefactos tangibles, perceptibles, habitables, que fracturan la continuidad del espacio urbano, a modo de hitos que jalonan ciertos itinerarios y trayectorias. Discontinuidades, en definitiva, que ponen en cuestión la excesiva tendencia a la homogeneidad radical del territorio construido.

Ello no obstante, y haciendo referencia a un típico y tópico hallazgo verbal empleado en oportunidades precedentes con el objeto de hablar de este mismo tema, el equipamiento ostenta a un tiempo la doble condición de monumento y de instrumento. Se trata, por una parte, del hito de elevado valor simbólico que se inaugura y que confiere legitimidades indiscutibles a quien lo erige. Un artefacto simbólico que, en tanto que centro cultural, deberá albergar el producto de mayor virtualidad simbólica de entre todos los que resultan de la actividad humana: la cultura (2). Pero también se trata de la infraestructura, de innegable valor instrumental, susceptible de acoger en su seno una gama más o menos amplia de actividades y servicios. E incluso constituye el contenedor, la casa común de elevado valor de uso a cuyo alrededor, en los procesos de edificación generalmente lentos y costosos, los miembros de la comunidad de referencia proyectan sus pulsiones, confesables o no, de talante individual o colectivo y, en cierta medida, también se construyen socialmente.

En otro orden de cosas, cabe recordar aquí el fenómeno contemporáneo de analogía que se establece entre las organizaciones y sus proyectos y los espacios y los lugares que los contienen. Uno es aquello que viste y calza, una familia es la casa donde vive, una entidad es la sede social donde se ubica, una empresa es su propio espacio corporativo y una institución es el espacio de representación que elige para, desde allí, proyectarse hacia la sociedad o hacia el mercado.

Por lo tanto, no resulta nada extraño que las políticas públicas suelan definirse (mediante un proceso de carácter analógico, a veces de metáfora – es decir, de sustitución – a veces de metonimia – es decir, de desplazamiento –) por los lugares que erigieron y los espacios que ocuparon con el objeto de llevar a cabo sus intervenciones. En este sentido, las políticas educativas, formuladas o no, se hacen evidentes mediante las escuelas, del mismo modo que las políticas sanitarias lo hacen mediante los hospitales. Existan o no políticas para la lectura, lo que hay son bibliotecas. Existan o no políticas de patrimonio, lo que sí existen son museos…

Los equipamientos de proximidad como hipótesis diacrónica de trabajo

No resulta exagerado afirmar que si el tema de los equipamientos de proximidad carece, en general, de referencias históricas y de otro tipo explícitas y fiables ello es así, en buena medida, como intrínseca consecuencia de su propia identidad: salvo monumentales excepciones, en el doble sentido de la palabra, nadie va a estudiar la historia de las infraestructuras como nadie estudió hasta fechas muy recientes la historia del clima, del calzado o de la vida cotidiana, sólo por poner algunos ejemplos distantes y distintos.

Ello no obstante, para el observador atento o el estudioso militante, los equipamientos constituyen un indicador imprescindible y rotundo de sus políticas de referencia, latentes o patentes en la medida en que, casi siempre por defecto, suelen explicitarlas en su más preciso y precioso grado cero de ausencia de verbalización discursiva, carente de retóricas superfluas. Los equipamientos, en cualquier caso, hablan de sus políticas mucho mejor que si aquellas, hecho improbable, se expresaran con la mayor de sus elocuencias, constituyendo algo parecido a un fósil, a menudo moderno o contemporáneo, que nos devuelve imágenes depuradas y nítidas de nuestra propia historia. Algo así como aquel lote ingenuo de dispares objetos que enterramos junto a la primera piedra de una construcción de nueva planta o que enviamos hacia el espacio exterior en una nave espacial.

En este orden de cosas, los que de ahora en adelante vamos a denominar como equipamientos de proximidad, presentan más allá del tiempo y del espacio, de las épocas y de los países, una sorprendente regularidad en lo tocante a sus planteamientos, constituyendo algo así como respuestas más o menos similares a situaciones más o menos parecidas y habituales. Si observamos, por ejemplo, el contexto que da a pie a la aparición de algunos de los arquetipos existentes, la relación de causalidad es evidente. En el año 1844, se crean en Dinamarca las primeras Universidades Populares (probablemente el referente más antiguo de este tipo de intervenciones) respondiendo a las necesidades derivadas del desarrollo de la revolución industrial relativas tanto a los nuevos requerimientos y cualificaciones de la mano de obra requerida como a la necesidad de dotar de nuevos referentes sociales y culturales a amplias capas de la población hasta entonces rural que se ven sometidas a procesos de urbanización e industrialización súbitos. En Alemania, la primera volkhochschule (Universidad Popular) se funda en el año 1919 en Dessau (3): el doble contexto fruto del final de la Primera Guerra Mundial y de la transmisión de saberes y conocimientos vinculados a las disciplinas propias de la producción industrial no son, sin duda, ajenas a su origen. Tampoco es casual que tras la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1950, países como Francia, el Reino Unido o Italia aborden la reflexión sobre el papel de la cultura y la educación como vehículo para la cohesión social y nacional, dando pie a la posterior aparición de modelos de equipamientos de proximidad tales como las Maisons de la Culture, los Community Centres y los Centri Civici, respectivamente.

Llegando a este punto es preciso recordar que, en España, las redes de equipamientos de proximidad afines a la idea de las Casas de Cultura y de las Universidades Populares no son, ni mucho menos, producto e invención del peculiar tránsito hacia la democracia que en nuestro país se produce a partir del año 1975, como muchas veces se ha podida dar a entender de una forma más o menos equívoca. Aunque los precedentes más ilustres se remonten a los movimientos de educación popular de finales del siglo XIX (la importancia de los ateneos liberales y de los centros obreros en lugares como Catalunya fue a todas luces decisiva), junto con los proyectos de extensión universitaria de la Institución Libre de Enseñanza (1896-1910), las Casas del Pueblo y las Misiones Pedagógicas de la Segunda República, deben citarse como referentes inmediatos en el período de la dictadura franquista tanto el proyecto de Joaquín Ruiz Jiménez, ministro de educación, que en el año 1951 crea las llamadas Casas de Cultura (que en el año 1956 pasan a ser provinciales, constituyendo una red que avanza al compás del desarrollismo de los años sesenta y llega a contar con más de 50 equipamientos en el año 1971), como los inefables Teleclubes (4) postulados a partir del año 1962 por Manuel Fraga Iribarne, el no menos inefable ministro de información y turismo o, finalmente, las Aulas de Cultura creadas mediante la Orden Ministerial del 3 de julio de 1974 por Ricardo de la Cierva, en aquel entonces director general de cultura popular bajo el mandato del ministro de información y turismo Pío Cabanillas (5), con el objetivo de “ser centros de convivencia y de difusión cultural, constituidas por entidades públicas o privadas con la participación del estado mediante convenio e implantadas preferentemente en zonas suburbanas” según transcripción literal de su texto fundacional. Los equipamientos de proximidad existentes en poblaciones como Cartagena o L’Hospitalet de Llobregat, gestados al amparo de aquella orden ministerial, todavía son hoy un claro exponente de aquel impulso inicial de las llamadas Aulas de Cultura.

Sirva este excurso histórico para certificar esa comunidad de orígenes en contextos distintos y, sin embargo, análogos. Los equipamientos de proximidad, por lo tanto, se constituyen como respuesta social, cultural y/o educativa en momentos de transformación profunda de las relaciones entre la comunidad y sus instituciones. De ahí, quizás, su carácter indispensable e inestable a un mismo tiempo. No resulta exagerado afirmar que, en sus planteamientos programáticos, los distintos modelos de equipamientos existentes emergen de una tensión fundacional entre sus tres grandes finalidades políticas, cuya ambición a menudo contrasta con la ausencia de ulteriores desarrollos estratégicos:

-En primer lugar, el equipamiento de proximidad como instrumento para la producción de una gama más o menos extensa de servicios de nuevo cuño, orientados a amplias capas de la población, en la órbita de las políticas del Estado del Bienestar.
-En segundo lugar, el equipamiento de proximidad como casa común, ya sea en su faceta de contenedor pasivo de colectivos y entidades, o bien en su papel de contenedor activo de iniciativas y proyectos.
-Finalmente, el equipamiento de proximidad como artefacto susceptible de contribuir significativamente a lo que se ha dado en llamar la construcción del tejido social, el fortalecimiento de la sociedad civil, la vertebración de la comunidad, etc.

Tres utopías en litigio y en conflicto, a su vez, con el carácter heterotópico del equipamiento, concebido como un monumento y un instrumento al mismo tiempo, a caballo entre las estrategias de servicio público y las estrategias de valor añadido. Una tensión que, casi en la totalidad de experiencias existentes, generó consensos más o menos inestables y con fecha de caducidad inaplazable. De ahí que, en mayor o menor medida, todos los paradigmas y modelos que a lo largo del siglo XX han existido en el entorno occidental hayan presentado, tarde o temprano, un desenlace crítico, como consecuencia de las dificultades inherentes a la gestión de dicha tensión en condiciones medianamente satisfactorias. Una crisis que debe ser matizada por tres variables dignas de comentario:

-En cuanto a su grado de dependencia institucional, se constata que los paradigmas con mayor vinculación a lo local y que presentan, además, sistemas de gestión mixtos o híbridos más o menos complejos, resultan más inalterables a las crisis y sobreviven mejor que aquellos sometidos a una gestión de carácter unitario o exclusivo por parte de poderes estatales o regionales.
-En lo tocante a su nivel de vertebración orgánica, se verifica que aquellos paradigmas que formulan el trabajo en red son más resistentes y duraderos que aquellos equipamientos cuya labor se plantea desde una estricta posición individual e, incluso, que aquellos cuyo proyecto se vertebra en grandes y pesadas estructuras de tipo federativo o piramidal.
-Finalmente, y respecto a su adscripción conceptual a las distintas políticas sectoriales de referencia, resulta evidente que los paradigmas que vinculan a los equipamientos con las políticas de carácter central o estructural acaban siendo los más insensibles a los cambios en el entorno. Para lo bueno y para lo malo. Así pues, y de mayor a menor fortaleza, los equipamientos de proximidad asociados a políticas educativas son más fuertes que aquellos que se asocian a políticas sociales y estos, a su vez, sobreviven mejor que aquellos que tienen que ver con las políticas culturales. En último lugar, políticas vinculadas a la gestión de la transversalidad y de intangibles tales como las de descentralización y de participación ciudadana han acabado generando modelos de equipamientos de proximidad tan interesantes en sus planteamientos como frágiles – e incluso efímeros – con respecto a las condiciones de extrema variabilidad de tales políticas.

De políticas, arquetipos y estereotipos

Una posible vía de análisis tipológico de los equipamientos de proximidad es aquella que plantea la génesis de los distintos modelos básicos (tanto si se trata de arquetipos como de estereotipos) partiendo de las coordenadas generadas a partir de la tensión entre sus cuatro políticas fundamentales de referencia:

-Las políticas de lo social, que históricamente evolucionaron desde la beneficencia hasta el desarrollo comunitario, pasando por las políticas asistenciales y de servicios sociales.
-Las políticas de lo educativo, que históricamente evolucionaron desde la instrucción pública hasta la educación integral, pasando por las políticas de formación permanente y continuada.
-Las políticas de lo cultural, que históricamente evolucionaron desde la cultura patrimonial hasta la democracia cultural, pasando por las políticas de democratización de la cultura.
-Finalmente, las políticas de lo político, o quizás mejor de lo general, comprendiendo una amplia gama de estrategias y tendencias: desconcentración, descentralización, participación ciudadana, integralidad, transversalidad…

Como puede constatarse en el gráfico 1, los paradigmas fundamentales relativos a los equipamientos de proximidad en Europa a lo largo del siglo XX se inscriben, en buena medida, en las coordenadas anteriores, adoptando posiciones de diversa índole en función tanto de la coyuntura sociopolítica dominante como de su orientación estratégica. Es en este sentido que cabe destacar la existencia de cuatro modelos básicos que, como se verá algo más adelante, a causa de su gestación y desarrollo en etapas anteriores al abordaje de las políticas de proximidad en España, ejercerán una auténtica función de arquetipos respecto a las decisiones adoptadas en nuestro país durante los primeros años de la transición democrática, dado lugar a algunos estereotipos fundamentales para la comprensión del desarrollo de los equipamientos de proximidad en España.

En la encrucijada entre lo social y lo educativo, el arquetipo de las Universidades Populares (Volkhochschule), de desarrollo preponderante, aunque no exclusivo, en Alemania y los países de su área de influencia cultural y lingüística. Sólo en Alemania existen más de 1.100 Universidades Populares, con mayor implantación en los Lander más industrializados del Oeste. Su oferta oscila entre las actividades de apoyo y reciclaje profesional y la atención a las ofertas de ocio y tiempo libre, siempre a partir de propuestas educativas, tanto de carácter formal como no formal. Establecen estrechas relaciones con las universidades oficiales, los movimientos sindicales y las empresas, contando con una importante cuota de financiación privada. En la actualidad, cabe destacar el hecho de que tres cuartas partes de los participantes en sus actividades son mujeres.

Como ya se ha dicho, las Universidades Populares constituyen el paradigma con mayor tradición en Europa. Su implantación en España dio comienzo a principios de los ochenta (6) y hoy en día existe una red de 210 proyectos federados, con una mayor presencia en Castilla La Mancha, Extremadura y Andalucía. Las Universidades Populares españolas están promovidas tanto desde la administración local como desde el sector asociativo y a su labor imprescindible de suplencia, a lo largo de los años ochenta, de una política moderna de formación permanente y continuada para las personas adultas, se añaden hoy en día nuevos retos y perspectivas que, en palabras de los responsables de su federación, pueden sintetizarse en la siguiente consigna: “enseñar y aprender en la sociedad del conocimiento”.

En la encrucijada entre lo educativo y lo cultural, el arquetipo de los Centros Artísticos Comunitarios (Arts Centres y Community Centres), de implantación primordial en el Reino Unido y los países de órbita anglosajona. Surgidos del idealismo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, a lo largo de los años sesenta desplazan su centro de interés desde las clases medias hacia los colectivos menos favorecidos, planteándose como misión la reducción de las distancias entre los creadores y los espectadores y la experimentación artística interdisciplinar. Tras la expansión de iniciativas a lo largo de los años setenta, en la década siguiente se asiste a una mayor implicación de las autoridades locales y a una tendencia progresiva a orientar sus actuaciones hacia la creciente presencia de grupos étnicos. Hoy en día, tan sólo en el Reino Unido existen más de 250 equipamientos de este tipo, siendo en sus tres cuartas partes independientes de los poderes públicos. En un magnífico y reciente estudio sobre los Arts Centres en el Reino Unido (7) se definen como organizaciones artísticas que reúnen las siguientes cinco condiciones:

-La existencia de un programa y de una política orientada hacia más de una forma artística o cultural.
-La utilización de más de un espacio para el desarrollo de las actividades artísticas y culturales.
-La existencia de unas mínimas estructuras e inputs profesionales.
-Su uso fundamental no debe formar parte de los servicios de educación formal o de educación de adultos.
-No debe estar subvencionado prioritariamente como espacio teatral.

En la encrucijada entre lo cultural y lo político, el arquetipo de las Casas de la Cultura (Maisons de la Culture) constituye un verdadero plato fuerte en el desarrollo de las políticas de democratización de la cultura tanto en Francia como en los países culturalmente afines a partir de los años sesenta. Su misión, en palabras de André Malraux, era “constituir un lugar cuyo objetivo es transformar un privilegio en un bien común… ofreciendo a cada cual la tentación de la cultura, excluyendo la especialización”. Cuando este intelectual fue nombrado en el año 1959 primer ministro de asuntos culturales de Francia, hizo pública su intención de que en tan sólo tres años cada uno de los 95 departamentos tuviera su propia Casa de la Cultura, constituyendo de este modo la estrategia central de su política de descentralización y democratización de la cultura. En el año 1961 se inaugura la primera de ellas en Le Havre y lo cierto es que, cuando en el año 1969 Malraux abandona el ministerio, sólo existían siete unidades en pleno funcionamiento.

A finales de los años setenta comienza el declive de las Casas de la Cultura como modelo de intervención, dando paso a los Centros de Acción Cultural y las Casas de Barrio (Maisons de Cartier). En 1994, Jean Marc Bouge efectúa la siguiente lectura crítica del fenómeno: “Las llamadas Casas de la Cultura fueron el primer escaparate del ministerio, con la obligación de justificar su existencia. Nadie tenía la más mínima idea sobre a qué cosa debían parecerse las Casas de la Cultura. El ministerio, por lo tanto, se apoyó en lo que ya existía en el territorio en materia de iniciativas culturales, es decir, los grupos de teatro y sus lugares de representación. Los responsables del ministerio se sentían satisfechos de contar con ‘aliados’ a quienes su ‘paquete-regalo’ podía resultarles interesante, y los actores de las poblaciones francesas encontraron la oportunidad de financiar un teatro y una compañía con la denominación de Casa de la Cultura”.

En último lugar, en la encrucijada entro lo político y lo social, el arquetipo de los Centros Cívicos (Centri Civici), paradigma de actuación fundamental en las políticas locales de las ciudades del centro y norte de Italia gobernadas por la izquierda socialista y comunista a lo largo de los años sesenta y setenta. Los Centros Cívicos, en este orden de cosas, constituyeron en primera instancia una herramienta fundamental en los procesos de descentralización y participación ciudadana, contribuyendo en una doble vía ascendente y descendente a reducir distancias entre las instituciones y la comunidad. Eventualmente compartían sus instalaciones con una más o menos amplia gama de servicios sociales, educativos y culturales (guarderías, auditorios, mercados de abastos, residencias…). Ni que decir tiene que su impacto como arquetipo será decisivo en España en aquellas ciudades que, tras las primeras elecciones municipales democráticas en la primavera de 1979, estarán gobernadas por la izquierda. Ciudades en las que la implantación de equipamientos de proximidad se formula como una estrategia tan perentoria como prioritaria.


A partir de las encrucijadas entre las políticas y de los modelos de intervención que acabamos de describir, nuestro país asiste desde finales de la década de los setenta a un proceso de notable envergadura en lo tocante a la construcción y puesta en funcionamiento de equipamientos y de redes de servicios orientados a las políticas de proximidad. Dicho proceso, a pesar de su multiplicidad y de su diversidad, se ajusta a una serie de rasgos comunes dignos de ser tomados en consideración:

-En cuanto a los modelos, patrones o paradigmas de referencia, se adoptarán como arquetipos aquellos ejemplos de actuación que resultan más frecuentes en los países de mayor proximidad geográfica, política, social o económica.
-Dichos arquetipos se adaptaran de un modo más o menos arbitrario a las coyunturas y características de cada realidad concreta, dando pie a una serie de nuevos estereotipos que pueden ser definidos en función de su tendencia a orientarse predominantemente hacia una o más de una de las funciones siguientes:
*la celebración de eventos culturales, en la línea de lo que se conoce como el centro cultural o la casa de la cultura
*la prestación de una gama más o menos amplia de servicios personales, en la línea de lo que se conoce como el centro de servicios personales o el centro cívico
*la transmisión formal o informal de elementos educativos, en la línea de lo que se conoce como el aula de cultura o la universidad popular finalmente, el alojamiento temporal o permanente de proyectos, colectivos o entidades, en la línea de lo que se conoce como el hotel de entidades

-Ello no obstante, las características particulares tanto del sistema institucional español como de su transición hacia la democracia han dado pie a un panorama en extremo disperso: los equipamientos de proximidad suelen ser sola y exclusivamente fruto de la voluntad de la administración local y, salvo honrosas excepciones, se manejan desde ese mismo individualismo voluntarista en el que, además, resulta imposible intentar establecer algún tipo de relación explícita entre el nombre de los equipamientos y su contenido (8).
-Finalmente, desde un punto de vista cronológico, y a pesar de que la construcción y apertura de equipamientos de proximidad constituye un fenómeno de regularidad más o menos constante en los distintos momentos y períodos de la época analizada, se observa una mayor actividad en este sentido a lo largo del periodo comprendido entre los años 1982 y 1987, lo que coincide con la segunda mitad del primer mandato (1979-1983) y con el segundo mandato (1983-1987) de los nuevos ayuntamientos democráticos.



Notas:

(1) Según el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, el adjetivo heterotópico se utiliza en el lenguaje médico para referirse a aquello que se ha “desplazado anormalmente de su lugar natural”.
(2) André Malraux se refería, en este sentido, a las Maisons de la Culture en Francia considerándolas como “las nuevas catedrales de la cultura”.
3) El mismo año en el que se funda en Weimar la escuela Bauhaus, institución fundamental para el nacimiento y el desarrollo del diseño moderno. Precisamente será Dessau la ciudad que acoja a la Bauhaus en el año 1925, tras su huida de Weimar como consecuencia de la situación política reinante, precursora del nazismo.
(4) Los Teleclubes, nacidos a imagen y semejanza de los cine clubs, se financiaban conjuntamente por el ministerio y el municipio en cuestión, y estaban dotados de una televisión, una pequeña biblioteca, un tocadiscos con su correspondiente colección de fonogramas y un monitor que constituye, probablemente, el más remoto ancestro de la profesión de animador cultural que se conoció en la península. Para dar idea de las magnitudes del fenómeno, en torno al año 1970 la red nacional contaba con más de 4.500 teleclubes. Algunos estudiosos del tema no desvinculan este curioso fenómeno de la pasión que el caudillo profesaba por lo audiovisual en general y la televisión en particular.
(5) Sintomáticamente, Pío Cabanillas será el primer ministro de cultura de la democracia, tras la creación de dicho ministerio por parte del Gobierno de la Unión de Centro Democrático en el año 1979 y Ricardo de la Cierva le sucederá en el cargo en el año 1980, tras un período de algunos meses en los que ocupó dicha cartera Manuel Clavero.
(6) La primera Universidad Popular se inagura en San Sebastián de los Reyes, Madrid, en el año 1981.
(7) Joy McKEITH y Ruth GLICK, The Art of Flexibility (1996)
(8) Más adelante en este trabajo se incluye una aproximación semántica relativa a los nombres comunes y propios que presentan los equipamientos de proximidad en España.

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